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De parásitos y trepas


En esta tierra, que acoge a todos
y que tantos tesoros encierra,
nada importa una mierda
salvo trepar entre nosotros.

Sea por dinero sea por votos,
sea por una razón cualquiera,
decidme: ¿quién se alegra
por la fortuna del otro?

¿Es querer sólo doler?

Dice que me quiere,
y no nos vemos;
que sigue a mi lado,
y quizás sea cierto;
pero yo cada vez
la siento más lejos.
Creo estar de más
echándola de menos.
Dime, tú, amigo mío,
que sabes de esto:
¿Existe un querer
que sacrifique besos
y te robe las ganas
de crear versos?
¿Es querer sólo doler
o es más que eso?

Reflexión #1

El samarugo se puso a reflexionar: "ingenuidad no implica decepción, porque una cualidad de la ingenuidad es dar todo sin esperar nada a cambio. De este modo, el ingenuo nunca se decepciona". Pero el samarugo sabe que no tiene la verdad absoluta de las cosas.

Yo confieso

He leído tu Evangelio
y algo no me queda claro.
Dime, Señor Jesús,
¿qué entiendes por pecado?
¿Sólo el desear sin más
o también el añorar
a quien has amado?
La razón sabe de lógicas,
¿qué sabe el corazón de estados?
Él se rige por dictados
y puede dar por bueno
lo que tu mandamiento
entiende por malo.
Yo confieso ser culpable
de tu Ley haber quebrado,
¿Quieres castigarme?
¡Pues hazlo!
En tu omnisciencia sabes
que ya estoy condenado.

Vacío

Sentado junto al fuego
(suena Medina Azahara)
sueño un abrazo sincero
que me deshiele el alma.

No es la soledad, amor mío,
lo que me hace más daño
ni sentir mi colchón frío
todas las noches del año.

Lo que de verdad me hiere,
más que el rechazo y el hastío,
eso que tanto me duele
no es orgullo, es el vacío.

Ángel caído

Ardo en el mismo fuego
que nos abrasó unidos,
dejé de ser un buen ángel
para ser sólo un caído.
¿Dónde está tu Dios?
quizás riéndose del mío

27/4/2015

El vigía

El vigía abandonó su puesto,
no temía ser juzgado y muerto.
Se sentía cansado de otear
el horizonte viendo pasar
toda suerte de veleros
sin fondear en su puerto.

Despedida

«No fue el veneno
lo que me mató,
sino la acidez de sus besos.
Saborear por miel la hiel
y negar lo cierto».
Explicaba en su nota
quien ya estaba muerto.

Artal Bergusa y la decepción

Imagen de PublicDomainPictures en Pixabay

Hastiado de las contrariedades de este mundo material, el noble don Román Lacasta se retiró a una ermita cercana al monasterio de San Lorén y adoptó el nombre de Artal Bergusa. Allí conoció a un joven novicio de nombre Jordán de Tena y entre los dos nació una profunda amistad.
En cierta ocasión, el novicio acudió compungido en busca del consejo del eremita, que ya comenzaba a tener fama de sabio entre las gentes de la comarca.
—Decidme, joven amigo, ¿qué os ocurre?
—Veréis, fray Artal, el prior me ha acusado de haber robado vino de la cilla del monasterio.
—¿Y vos qué le habéis dicho?
—Que no era cierto y he tratado de explicárselo como mejor he sabido.
—¿Y él qué ha hecho?
—Me ha vuelto a preguntar si había sido yo.
—¿Y vos qué le habéis dicho?
—Le he vuelto a decir que era inocente y he intentado volver a explicárselo para que me entendiese.
—¿Y él qué ha hecho?
—¿Podéis creer que ha vuelto a preguntar si había sido yo?
—Y entonces, ¿qué le habéis dicho esta vez?
—Exactamente lo mismo.