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Como una colonia de hormigas en pleno traslado, los meses avanzan implacables, devorándolo todo a su paso.
Sin apenas percatarme, ha transcurrido más de un año desde que creé «Nusos & Lligams» en mi cueva, o sea, mi taller de encuadernación —aunque yo prefiero llamarlo atelier editorial, porque no solo encuaderno— en una habitación de casa, lo suficientemente grande y bien iluminada como para desarrollar esta afición en condiciones.
Un año da para muchos cambios, no se trata de grandes cosas, sino de actualizaciones que me permiten hacer el trabajo repetitivo de manera más rápida y sencilla.
En estos últimos meses la familia ha crecido bastante al incorporarse nuevos miembros al taller. En primer lugar, la tan ansiada guillotina semiprofesional, capaz de refilar 400 hojas del tirón.
¿Y qué sería de un taller de encuadernación sin una prensa de tornillo? Pues en realidad, seguiría siendo un taller de encuadernación, pero esta era otra de las herramientas que siempre había querido tener.
La encuadernadora térmica que compré funciona de maravilla, pero se me quedaba corta para algunos trabajos, así que le traje una compañera semiprofesional que ahora me permite encolar varios libros a la vez.
Por supuesto, no podía faltar la laminadora, que también se me antoja algo pequeña, pero lo cierto es que va muy bien, sobre todo para la laminación en frío, que es para lo que más la uso. En otros trabajos protejo las cubiertas con barniz en aerosol, que también da un resultado excelente.
Pero ninguna de estas herramientas sería útil sin libros que encuadernar. Así que después de pensarlo un poco me decidí por una impresora a color con tanque de tinta y dúplex automático. Debí comprarla en tamaño A3; es de lo único que me arrepiento, porque estoy súper contento con esta máquina.
Finalmente, me hice con una base de plegado que, aunque no es del todo necesaria, me facilita la tarea de andar formando cuadernillos o a la hora de marcar y doblar los pliegues de las cubiertas.
Además, me he ido fabricando varios utensilios como mordazas, la borriqueta y la prensa de acabados y también he ido reuniendo tablas de diferentes dimensiones, que siempre resultan útiles.
Con todas estas nuevas incorporaciones siento que ya tengo todo lo más importante. Además, desde que empecé a retomar esta afición he ido invirtiendo una cantidad nada despreciable. Así que, por el momento, no tengo planes de adquirir más equipos, pero nunca se puede decir nunca.

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