Novedades en el atelier

Image by Michal Jarmoluk from Pixabay

Parece que fue ayer cuando escribía, ilusionado, que retomaba la afición de encuadernar. Sin embargo, han pasado casi dos meses y ya puedo hacer balance de cómo ha evolucionado hasta ahora.

Lo más destacable, sin duda, es que durante estas semanas he ido recordando, practicando y perfeccionando mi técnica, al tiempo que experimentaba y aprendía otras nuevas. Había olvidado el tacto del papel mientras lo trabajas, la textura de la cola, la incertidumbre del refilado y la satisfacción de ver el libro listo para su uso y disfrute.

Una segunda novedad tiene que ver con las herramientas que he ido adquiriendo para hacer el trabajo más llevadero. Algunas de ellas ya las tenía por casa (como las plegadoras, las sargentas, los cúteres o la cortadora de papel), otras me las fabriqué yo mismo (las prensas y mordazas), otras las compré en el mercado de segunda mano (encuadernadora térmica) y algunas otras las he tenido que comprar nuevas (pistola de silicona, grapadora de tapicero, grapadora de gruesos, reglas de corte, cizalla rotatoria). Así que tengo un cajón enorme lleno de cachivaches y otro camino de ello. 

Si bien la encuadernación no es una actividad cara cuando comienzas, si te gusta y quieres ir más allá de lo básico vas a tener que invertir y eso que a mí aún no me ha dado por el cuero, los bronces y el dorado. Tampoco tengo grandes equipos como guillotina, ingenio o una prensa de tornillo. Con todo, poco a poco el desembolso se hace mayor. También es cierto que podría haber prescindido de algunas herramientas que he comprado, lo cual me da una idea para un futuro artículo. 

Más adelante no descarto hacerme con una guillotina, una impresora láser con dúplex y una laminadora, pero las inversiones próximas serán en material: telas —sobre todo—, cintas de lomera, papeles decorativos, cartones, cartulinas y demás papeles funcionales de diferentes gramajes… Y supongo que algún pequeño mueble o estantería para poder guardarlos.

Otra novedad tiene que ver con el emplazamiento del taller, desde hace un mes —poco más o menos— trasladé mis bártulos a otra habitación, así que ahora dispongo de más espacio para trabajar y para almacenar mis cacharros, no molesto a nadie y tengo mejor luz natural y unas vistas estupendas. ¡No puedo estar más contento!

Finalmente, me he decidido por el tipo de encuadernación que utilizaré para mis publicaciones de batalla, para los apuntes y obras efímeras y para las obras de referencia. Hablo de alimentar mi biblioteca, como ya apunté en otro artículo, no de volver a las andadas editoriales. Puede parecer una trivialidad, pero supone saber hacia qué dirección encaminar mis pasos, ¡ahí es nada!

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